Cuando un hombre empieza a levantarse varias veces por la noche para orinar, tarda en iniciar el chorro o siente que la vejiga nunca se vacía del todo, la pregunta no suele ser solo qué tiene, sino cómo se soluciona. En ese momento, entender cómo se realiza cirugía HoLEP ayuda a bajar la ansiedad y a tomar una decisión con más seguridad.
La cirugía HoLEP, por sus siglas en inglés de enucleación prostática con láser de holmio, es un procedimiento mínimamente invasivo que se utiliza para tratar la hiperplasia prostática benigna, es decir, el crecimiento no canceroso de la próstata. Su objetivo es retirar el tejido prostático que obstruye la salida de la orina, sin hacer cortes externos y con un enfoque muy preciso.
Qué es HoLEP y por qué se indica
La próstata rodea la uretra. Cuando aumenta de tamaño, comprime ese conducto y aparecen síntomas urinarios que pueden afectar mucho la calidad de vida. No siempre se requiere cirugía, porque algunos pacientes mejoran con medicación. Sin embargo, cuando los síntomas son intensos, hay infecciones urinarias repetidas, retención de orina, sangrado, daño en vejiga o deterioro de la función renal, conviene valorar una solución quirúrgica.
En ese contexto, HoLEP destaca porque permite tratar próstatas de distintos tamaños, incluso grandes, con muy buen control del sangrado y una recuperación habitualmente más rápida que la de técnicas abiertas. No significa que sea idéntica para todos los pacientes. La indicación final depende del tamaño prostático, enfermedades asociadas, uso de anticoagulantes, estudios previos y expectativas funcionales.
Cómo se realiza la cirugía HoLEP
Para explicar cómo se realiza la cirugía HoLEP de forma clara, conviene dividirla en tres momentos: preparación, procedimiento y recuperación inmediata. Así el paciente entiende no solo qué hace el cirujano, sino qué puede esperar en cada fase.
Valoración antes de la cirugía
Antes de programar HoLEP, el urólogo confirma que la obstrucción urinaria se debe realmente al crecimiento prostático. Para ello suele apoyarse en la historia clínica, exploración física, ultrasonido, análisis, antígeno prostático cuando está indicado y, en algunos casos, estudios de flujo urinario o evaluación endoscópica.
También se revisan antecedentes relevantes como hipertensión, diabetes, cirugías previas, medicamentos anticoagulantes o problemas cardiacos. Este paso es clave porque la seguridad quirúrgica no depende solo de la técnica, sino de una correcta selección y preparación del paciente.
En la consulta se explican además los beneficios esperados, los posibles efectos secundarios y las alternativas disponibles. Un paciente bien informado llega al procedimiento con menos miedo y con expectativas más realistas.
Ingreso y tipo de anestesia
El día de la cirugía, el paciente acude al hospital o centro quirúrgico en ayuno y tras seguir las indicaciones médicas previas. HoLEP suele realizarse con anestesia regional o general, según cada caso y la valoración del anestesiólogo.
Una vez en quirófano, no se hacen incisiones en el abdomen ni en la piel. Todo el acceso se realiza por la uretra, utilizando un instrumento endoscópico diseñado para trabajar dentro del conducto urinario con visión directa.
Enucleación del adenoma prostático con láser
Aquí está el núcleo del procedimiento. El cirujano introduce el endoscopio por la uretra hasta llegar a la próstata y, con el láser de holmio, va separando el tejido prostático que causa la obstrucción. Ese tejido se despega de la cápsula prostática, que es la parte externa que se conserva.
Dicho de forma sencilla, no se vaporiza todo de manera superficial. Lo que se hace es una enucleación, es decir, se desprende el adenoma obstructivo siguiendo un plano anatómico muy preciso. Esa precisión es una de las grandes ventajas de HoLEP, porque permite retirar una cantidad importante de tejido con buen control del sangrado.
Durante este paso, la energía láser corta y coagula al mismo tiempo. Por eso muchos pacientes tienen menos sangrado que con otras técnicas, algo especialmente valioso en personas con mayor riesgo hemorrágico o en próstatas voluminosas.
Morcelación y extracción del tejido
Una vez que el tejido prostático se ha liberado hacia la vejiga, se utiliza un equipo llamado morcelador para fragmentarlo y extraerlo. Este detalle suele generar dudas, pero forma parte habitual del procedimiento.
Gracias a esta etapa, el tejido retirado puede enviarse a análisis patológico. Aunque HoLEP se hace para hiperplasia prostática benigna, contar con ese estudio aporta información adicional y tranquilidad diagnóstica.
Colocación de sonda y vigilancia inicial
Al terminar, se coloca una sonda vesical para drenar la orina y facilitar el lavado de la vejiga durante las primeras horas. Es normal que la orina salga algo rosada al principio. Lo habitual es que el paciente permanezca en observación y que la estancia hospitalaria sea corta, dependiendo de su evolución, su edad y sus enfermedades asociadas.
Qué se siente después de la cirugía HoLEP
Una parte importante de entender cómo se realiza cirugía HoLEP es saber qué pasa justo después. Muchos hombres mejoran el flujo urinario desde muy pronto, aunque durante los primeros días puede haber escozor leve al orinar, urgencia urinaria o pequeñas trazas de sangre en la orina.
Estos síntomas no siempre indican una complicación. Con frecuencia forman parte del proceso normal de recuperación del conducto urinario y la vejiga. Aun así, el seguimiento médico es esencial para distinguir entre lo esperado y lo que requiere valoración inmediata.
En general, la reincorporación a actividades cotidianas suele ser más rápida que en cirugías más invasivas. Eso no significa hacer vida completamente normal desde el primer día. Durante un tiempo conviene evitar esfuerzos intensos, levantar peso, montar en bicicleta o realizar actividades que aumenten la presión abdominal.
Ventajas reales de HoLEP frente a otras técnicas
HoLEP no es una moda ni una etiqueta tecnológica. Tiene ventajas clínicas muy concretas cuando está bien indicada. Entre las más relevantes están la ausencia de incisiones externas, el buen control del sangrado, la posibilidad de tratar próstatas grandes y una tasa baja de reintervención a largo plazo.
También suele ofrecer una mejor desobstrucción que procedimientos más limitados en ciertos pacientes. Esto importa porque el objetivo no es solo orinar un poco mejor, sino vaciar la vejiga con menos esfuerzo y reducir complicaciones derivadas de la obstrucción.
Ahora bien, no conviene prometer resultados idénticos para todos. Hay pacientes que mejoran de forma espectacular y otros cuya recuperación es más gradual, sobre todo si la vejiga llevaba mucho tiempo trabajando contra una obstrucción severa. La técnica puede resolver el bloqueo, pero la respuesta funcional final también depende del estado previo de la vejiga.
Riesgos y efectos secundarios que conviene conocer
Hablar con honestidad también da confianza. HoLEP es una técnica segura en manos expertas, pero toda cirugía tiene posibles riesgos. Puede haber infección urinaria, sangrado, ardor al orinar, urgencia transitoria, estrechez uretral o necesidad de recolocar sonda en algunos casos.
Un efecto frecuente tras la cirugía es la eyaculación retrógrada, que significa que el semen va hacia la vejiga en lugar de salir al exterior durante el orgasmo. Esto no suele afectar el placer sexual, pero sí puede influir en la fertilidad. Es una conversación que debe tenerse antes de operar, especialmente en pacientes más jóvenes.
La incontinencia urinaria temporal también puede presentarse, aunque en muchos casos mejora con el paso de las semanas y con ejercicios de suelo pélvico cuando están indicados. La experiencia del cirujano y una buena técnica marcan una diferencia importante en este punto.
Cómo saber si usted es candidato
No todos los hombres con síntomas prostáticos necesitan HoLEP, pero muchos sí pueden beneficiarse. Suele considerarse una opción muy sólida cuando hay obstrucción relevante, próstata grande, mala respuesta a medicamentos o complicaciones como retención urinaria y sangrado recurrente.
La mejor forma de saberlo es mediante una valoración urológica presencial, con estudios y exploración. Para pacientes de Ciudad de México y zona metropolitana, suele ser útil elegir la sede más cercana para facilitar consultas, revisión de estudios y seguimiento. Si se encuentra más cómodo en el norte de la ciudad, la atención en Lindavista puede resultar práctica. Si vive en Naucalpan o en el área del Estado de México, acudir a la sucursal de Lomas Verdes suele hacer más sencillo todo el proceso.
En una práctica centrada en cirugía urológica láser, el valor no está solo en disponer de la tecnología, sino en saber cuándo usarla, cuándo no y cómo acompañar al paciente desde la primera consulta hasta su recuperación.
Si está valorando esta opción, lo más útil no es quedarse con una descripción general de internet, sino revisar su caso concreto con un urólogo que le explique con claridad qué ocurre en su próstata, qué resultados puede esperar y cuál es el camino más seguro para volver a orinar mejor y vivir con más tranquilidad.


Comments are closed