Ver sangre en la orina puede causar alarma, y con razón: entre las cinco causas de hematuria masculina hay situaciones transitorias, como una infección, y otras que requieren diagnóstico oportuno, como un problema prostático, un cálculo o un tumor urinario. La hematuria no es un diagnóstico por sí sola. Es una señal que debe evaluarse con precisión, incluso si apareció una sola vez, no duele o desapareció sin tratamiento.
La sangre puede hacer que la orina luzca rosada, roja o color té. A esto se le llama hematuria macroscópica. En otros casos, solo se identifica mediante un examen general de orina: es la hematuria microscópica. Ambas ameritan valoración urológica, especialmente en hombres mayores de 40 años, fumadores, personas con antecedentes de cálculos o enfermedades de próstata.
¿Por qué puede haber sangre en la orina?
La orina pasa por los riñones, uréteres, vejiga, próstata y uretra. Cualquiera de estas estructuras puede sangrar ante una inflamación, lesión, infección, obstrucción o crecimiento anormal de tejido. Por eso, asumir la causa a partir del color de la orina puede llevar a retrasar una atención necesaria.
Algunos alimentos, como el betabel, y ciertos medicamentos pueden cambiar temporalmente el color de la orina. Sin embargo, no conviene atribuir el cambio a la dieta sin confirmarlo con un estudio. Un análisis de orina sencillo permite comprobar si realmente hay glóbulos rojos y orientar los siguientes pasos.
Cinco causas de hematuria masculina
1. Infección urinaria o prostatitis
Las infecciones de vías urinarias pueden irritar la vejiga, la uretra o los riñones y ocasionar sangre en la orina. En hombres, una infección urinaria merece una revisión cuidadosa porque es menos frecuente que en mujeres y, en ocasiones, se relaciona con crecimiento de próstata, piedras urinarias o problemas para vaciar la vejiga.
Puede acompañarse de ardor al orinar, urgencia, necesidad de orinar con frecuencia, dolor en la parte baja del abdomen, fiebre o malestar general. Si también hay dolor pélvico, presión entre el escroto y el ano, dolor al eyacular o chorro urinario débil, puede tratarse de prostatitis.
El tratamiento no debe basarse únicamente en síntomas. Un examen general de orina y, cuando corresponde, un urocultivo ayudan a confirmar la infección y a elegir el antibiótico adecuado. Tomar antibióticos por cuenta propia puede ocultar el problema o favorecer resistencia bacteriana.
2. Cálculos en riñón, uréter o vejiga
Los cálculos urinarios son acumulaciones sólidas de minerales que pueden rozar las vías urinarias al desplazarse. Ese roce provoca inflamación y sangrado. La hematuria puede ser microscópica o visible, y no siempre se presenta con el dolor intenso que muchas personas asocian con un cólico renal.
Cuando un cálculo obstruye el uréter, el dolor suele ser fuerte, aparece en la espalda o costado y puede irradiarse hacia la ingle o el testículo. También pueden presentarse náusea, vómito, ardor al orinar o sensación de no poder evacuar por completo.
El manejo depende del tamaño, ubicación, densidad y síntomas del cálculo. Algunas piedras pequeñas pueden expulsarse con vigilancia médica; otras requieren tratamiento para fragmentarlas o retirarlas. La cirugía láser endoscópica permite tratar muchos cálculos sin incisiones grandes, pero la indicación debe definirse después de estudios de imagen y una valoración individualizada.
3. Crecimiento benigno de próstata
La hiperplasia prostática benigna es el aumento no canceroso del tamaño de la próstata, habitual con el paso de los años. Cuando la próstata crece, puede obstruir la salida de la orina y aumentar la fragilidad de pequeños vasos sanguíneos en la zona. Esto puede ocasionar hematuria, sobre todo si hay esfuerzo para orinar, retención urinaria o infecciones repetidas.
Los síntomas más comunes son chorro débil, tardanza para iniciar la micción, goteo al final, levantarse varias veces por la noche, sensación de vaciamiento incompleto o necesidad urgente de orinar. No todos los hombres con próstata crecida sangran, y no toda hematuria se explica por la próstata. Por eso es indispensable revisar también vejiga, riñones y uretra.
Según la intensidad de los síntomas, el tamaño prostático y el impacto en la vejiga o los riñones, el urólogo puede recomendar vigilancia, medicamentos o una intervención. Procedimientos mínimamente invasivos como la enucleación prostática con láser HoLEP o la resección transuretral bipolar pueden ser opciones eficaces en casos seleccionados, especialmente cuando existe obstrucción importante, sangrado recurrente o retención de orina.
4. Tumores de vejiga, riñón, próstata o vías urinarias
La hematuria visible sin dolor es uno de los signos que debe hacer pensar en la necesidad de descartar un tumor urinario, en particular de vejiga. Esto no significa que toda persona con sangre en la orina tenga cáncer, pero sí que no debe esperar a que aparezca dolor para solicitar atención.
El riesgo es mayor en hombres de edad media o avanzada, fumadores actuales o previos, personas expuestas durante años a ciertos químicos industriales y quienes han recibido radioterapia pélvica. Un tumor de vejiga puede sangrar de manera intermitente: la orina se aclara por días o semanas, pero el problema continúa presente.
Para estudiar esta posibilidad, el urólogo puede solicitar estudios de orina, ultrasonido o tomografía según el caso, y una cistoscopia. Este procedimiento permite observar directamente el interior de la uretra y la vejiga. Es una evaluación breve que ofrece información que ningún síntoma puede sustituir.
5. Traumatismos, ejercicio intenso y otras enfermedades renales
Un golpe en la espalda, abdomen, pelvis o genitales puede producir sangre en la orina y requiere valoración, especialmente después de un accidente, una caída o una lesión deportiva. También existe una hematuria transitoria relacionada con ejercicio muy intenso, principalmente carreras de larga distancia. Aun en este escenario, debe confirmarse que el sangrado desaparece y que no hay otra causa.
Las enfermedades del riñón también pueden provocar hematuria microscópica. En estos casos, el análisis de orina puede mostrar proteínas, y pueden coexistir presión arterial elevada, hinchazón de piernas o párpados y alteraciones en la función renal. Los anticoagulantes pueden facilitar el sangrado, pero no explican por sí solos su origen: si aparece hematuria mientras se toman, la evaluación urológica sigue siendo necesaria.
¿Cuándo acudir de urgencia?
Busque atención inmediata si la sangre en la orina se acompaña de coágulos, incapacidad para orinar, dolor intenso en el costado o abdomen, fiebre con escalofríos, vómitos persistentes, debilidad marcada o sangrado después de un golpe importante. Los coágulos pueden bloquear la salida de la vejiga y generar retención urinaria dolorosa.
Si no hay síntomas de urgencia, programe una consulta con urología sin dejar pasar semanas. La evaluación suele comenzar con preguntas detalladas sobre el episodio, antecedentes, medicamentos, tabaquismo y síntomas urinarios. Después pueden indicarse examen general de orina, cultivo, pruebas de sangre, ultrasonido, tomografía o cistoscopia. No todos los pacientes requieren todos los estudios: la combinación se define por edad, antecedentes y hallazgos clínicos.
Para pacientes de CDMX y zona norte, la valoración presencial puede realizarse en la sucursal de Lindavista, en Río Bamba 639, Torre 2, Piso 1, Consultorio 175, Gustavo A. Madero. Para quienes viven en Naucalpan o el poniente del Estado de México, está disponible la atención en Star Médica Lomas Verdes, Avenida Lomas Verdes 2165, Santiago Occipaco. Elegir la sede más cercana facilita una revisión oportuna y el seguimiento indicado.
La hematuria merece atención serena, pero sin minimizarla. Una consulta a tiempo permite encontrar la causa, aliviar los síntomas y proteger la función urinaria con un plan claro y personalizado.


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